Tengo que confesar algo, llego el momento, no aguanto más. Sépanlo todos de una vez.

Tengo que decirlo, no me importa que me rechacen, todos somos libres y tenemos derechos a ser felices como somos, quien me quiere lo haga por lo que soy. Esto no es fácil, siempre lo he tenido muy escondido a pesar de que algunos ya lo saben, pero bueno, ahí voy, yo me declaro… abiertamente amante del mundo infantil.

Aún con 24 años no supero muchas cosas de mi infancia. No se si no he madurado o si siempre seré un niño, pero ir a una juguetería me pone “más contento que niño con juguete nuevo”. Los legos, los juegos de mesa, los muñecos de colección y cualquier cosa como plastilina (Play-Doh nadie como tu), babas o esas cosas “asquerosas” son mis favoritas. Incluso hace dos navidades atrás mi mejor amiga me regaló “Moon Sand” arena para moldear.

Películas, canciones, libros, cuentos, juegos y ni hablar de las piñatas, termino siendo el “niño” que más las disfruta. Aún conservo mi colección de crayola de cera, mis colores de madera, mis libros de pintura, mis películas en vhs, mis cuentos de Disney, mi genio de Aladino, mi colección de lápices de personajes de comiquitas y hasta los marcadores que huelen todavía los tengo.

En mi ipod tengo canciones de popy, de las Payasitas Nifu Nifa, de todas las películas animadas y hasta los comerciales que me encantaban cuando niño. En mi computadora tengo todos los posters de las películas infantiles y tengo algunas carpetas con fotos, videos e información de aquellas películas, series o comiquitas que me han marcado la vida (Irie Indiana, Las Tortugas Ninja, Hocus Pocus, Los Simpson, Tom & Jerry, Aladino, He Man, Dick Tracy…)

Pintar un libro con colores de cera, ir al zoológico, jugar Nintendo, tomar algo con pitillos largos que dan vueltas (con un muñeco de Pluto o de Porky Pig), ver Nickelodeon y Disney channel son cosas, que aunque ya no hago con mucha frecuencia, nunca querré dejar de hacerlas.

Definitivamente no soy de esta época. Repetidas veces le digo a mi papá que yo bailaba y cantaba por las calles de Nueva York con mi amigo Frank Sinatra (él y Miles Davis son mis #1) . Creo que soy de la era blanco y negro, de los sombreros, del swing y del jazz, no hay duda que en mi vida pasada nací en los 20 y morí en los 50. Pero en esta vida nací a finales de los 80 y allí sigo atrapado… esos tiempos en que “éramos felices pero no lo sabíamos”.

Y no sólo es que me encantan las cosas de aquellos tiempos, no, hay una cosa en la que todavía me comporto el verdadero niño. Comer, si comer, sigo siendo un adicto a las chucherías, al chocolate y a todas esas comidas glotonas.

Si hay un personaje con el que me identifico es con Bruce Bolaños de la película “Matilda”. De chiquito siempre fui un gordito comelón, el dinero que me daban para comer en el colegio era totalmente invertido en rockolate, papa-upa, ponqué once once o un tequeñon y una malta. En el colegio, en mi casa o en cualquier sitio que pudiera comer, varias veces me comporté como mi gran amigo Bruce (y creo que me sigue pasando…)

Que rico es comer y comer y comer ¿verdad?

Unos me dicen que tengo mentalidad de viejo y otros me dicen que ya es momento de madurar. Niño, adulto, maduro o inmaduro lo importante es actuar bien y ser feliz. Así que enjoy your life and be happy.

Pd: Si alguien tiene algo de Sam Bigotes (Yosemite Sam) entonces regálemelo o en tal caso véndamelo ; )

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